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Todo pasa

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Que todo pasa pareciera una promesa de un político populista para las recién estrenadas madres en los primeros tres meses del bebé, pero es así. Eso me lo decía una amiga que me acompañó en este camino de trasnocho y exigencias extremas de un chiquitico, y ahora lo repito a mis amigas que pasan actualmente por esta etapa. Repetirlo como un mantra ayuda. Y es que una gran amiga me comentaba que el cansancio no te deja disfrutar del bebé, no solo es real, sino que no tiene nada de malo admitirlo. Somos mujeres, la mayoría trabajadoras en otras lides más lógicas y menos emocionales, y esta responsabilidad abruma. La buena noticia, es que esto tendrá muchas recompensas, las sonrisas, el gateo, primeros pasos, los abrazos y los besos recién estrenados, y la independencia del bebé, que llega más rápido incluso de lo que uno quisiera, lo cual nos da el tiempo para nosotras mismas y nuestros esposos, que quedan de lado y que por obligación debemos retomar. Todo pasa, así saquemos el máximo provecho de cada minuto de un rol que poco a poco incorporaremos a nuestras vidas, lo afinaremos y nos sentiremos orgullosas de hacer nuestro mejor esfuerzo por hacerlo cada día mejor.

Sorprendida por mi propia foto

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Quizá si uno asiste a una fiesta, y llega un medio de comunicación y le toman una foto, pues no sorprende para nada encontrarse al otro día con el gran retrato en la página de sociales. Tampoco es de extrañarse verse entre un grupo de fotos de los amigos que asistieron a una boda, y ahora mucho más con Facebook, que nuestra imagen de un día para otro es “etiquetada” y eso forma forma parte de la red de amigos que comenta, pregunta y piropea. Ahora, si una amiga me llama para comentarme como si estuviera enteradísima del asunto que mi foto y la de mi hijo aparece en un reportaje de la revista Farmatodo, para quienes nunca posamos y mucho menos autorizamos el uso de tal fotografía, pues, sí, ¡claro que sorprende! La verdad es que esto me hace recordar, todo el calvario que tuve que pasar para optar porque Discovery Health colocara en su página web una foto de Santiago, fue tanto el papeleo y autorizaciones que iban y venían, pues que nunca se pudo lograr. Al parecer el criterio en este caso local es radicalmente opuesto, y es que si lo encuentro en el buscador de Google, pues sencillamente esa foto me pertenece, y resulta que desde ese punto de vista, ni siquiera podemos contar con que se nos pida permiso para su uso, o como mínimo, se cite la fuente, en este caso mi blog personal, para publicarla. Sobretodo porque se trata de un menor, razón por la cual el caso de Discovery, fueron tan estrictos. Así fue como ayer nos vimos hojeando la página 81 de la revista Farmatodo observando que lindo se notaba Santiago en ropa de casa haciendo sus primeros intentos de gateo y en el acto de fin de curso de su clase de música, hasta allí todo muy bien, es agradable que hayan sido seleccionadas para un reportaje además, instructivo para los padres las fotos utilizadas en el reportaje, reseñaba el texto, eran de un banco de imágenes y de “archivo” ¿Qué pasa si esta misma foto fuese utilizada para fines inmorales o perversos? ¿O qué pasa si los padres no quieren que su hijo sea una imagen pública? No es el caso que exponemos, pero justamente para eso existen leyes de propiedad intelectual o como mínimo formatos y normas que deben cumplirse para autorizar el uso de fotografías, lo cual no sucedió en este caso, a menos que la revista llamé “archivo” a todo lo que se aloje en la red. Y no me vayan a venir con el cuento de que “¿entonces para qué colocan la foto en internet sino quieren que la publiquen?” Eso sería el equivalente a acusar a una mujer de que, como salió a pasear con minifalda, cómo se va a quejar de que le hagan piropos o sea víctima de violencia sexual. Es verdad que internet es un medio que se presta para muchas cosas, donde lo privado se convierte en público, y la globalización es un lugar común, sin embargo, hasta la guerra tiene sus límites, y en definitiva: nadie me preguntó si podían usar mis fotos y la usaron sin mi consentimiento.

Vacaciones

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La verdad es que he escrito poco desde que Santiago salió de “vacaciones”. Luego de un corto plan vacaciones de 4 semanas, ahora está en casa disfrutando de los mimos de Coro y de nosotros cuando llegamos del trabajo. A pocas semanas del segundo cumpleaños de Santiago, los preparativos ya se hacen sentir. Por más pequeña que sea la celebración, da trabajo, porque cada detalle cuenta. Es un poco mi ascendente capricorniano el que logra este estrés, y en acuariano el que me pone creativa, lo cual no sé si sea bueno o malo.

Lo cierto es que Santiago está inquieto, aun siendo un niño tranquilo, brinca y corre todo el día, con una pilas que ninguna marca ha logrado igualar. Tiene más cabello (aun cuando su papá se lo acaba de cortar o “machetear” según se vea), le encanta “leer” revistas (entiéndase hojearlas hasta el cansancio y destrucción de las mismas), o su nueva colección de Elmo, corre por la urbanización, come poco, baila y canta de vez en cuando. Dice pocas palabras, pero entre esas hay una que pronuncia muy bien: Hi5 o “jatai”, razón por la cual, si es una palabra tan importante para él dentro de su corto vocabulario, ese debe ser el tema de su segundo cumpleaños ¡Sin discusión! La verdad es que la televisión (en contra de su padre quien teme que sea tan teleadicto como él) se ha convertido en una distracción para él. Escala el mueble y se instala a ver Discovery Kids. Cada vez da más guerra para cambiarle el pañal, vestirlo, bañarlo o cepillarse los dientes, parece que tiene tantas cosas en mente, que no quiere perder ni un segundo para descubrir qué hay a su alrededor, aun cuando eso vaya en contra de todos esos hábitos que sus papás se esfuerzan por honrar, pero cada quien a lo suyo, él con su papel de niño y nosotros con el de padre. Lo cierto es que al final del día, agarra su Barney y se acuesta tranquilito, si aun no tiene sueño, se arrulla un rato, juega con el mosquitero y se entretiene con las luces de la lámpara que se proyecta en el techo de su habitación. Siempre amanece con una gran sonrisa, que desaperece solo en el momento de cambiarle el pañal, pero luego sale corriendo a recorrer ese mundo nuevo de su casa chiquitica.

Primeras mordidas

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Todo el mundo habla de que los niños aprenden y ejercitan los mordiscos en el colegio, ayer Santiago fue víctima de su primer par de mordiscos gracias a que no quiso entregarle la pelota al victimario, que presa de la ira le mordió cerca de la ceja y en el cachete. Nada agradable verlo con las marcas, aun cuando estaba de muy buen humor cuando su papá lo buscó al colegio y la maestra le contó la historia, no me sentí muy tranquila por el evento, aun cuando todo el mundo me diga que es común que suceda, y pueda entender que a cualquiera le pasa que en segundos suceda algo y no puedas evitarlo, creo que puedo perdonar, a regañadientes, un mordiscos, pero dos, no. Supongo que entre un mordisco y otro dio tiempo de detener al mordedor. En fin, supongo que hay algo de madre primeriza en mi apreciación, lo mejor es que hable con la maestra para que me explique mejor qué pasó.

A todas estas, como verán, a Santiago pareciera no importarle en lo más mínimo…

Foto candidata sin espectadores

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Hace algunas semanas recibí un correo de una amiga quien me comentaba del concurso La carita del mes del bebé, del canal de televisión por cable Discovery Home & Health, con ese chip del país de las misses, me pareció simpático enviar una foto de Santiago y mandar el texto, requisito para participar, del rito de dormir que le hacemos a Santiago. Lo mandé y listo. A los pocos días recibí la notificación por email de que Santiago había sido preseleccionado, ¡Buenísimo!, dije, pero había un detalle, debía enviar el documento de autorización con mi firma y “notariado” para que la organización pudiera usar la foto. Bueno, dije, vamos a intentarlo, y desde allí comenzó el drama.

Fuimos a la notaría, allí nos dijeron que teníamos que visar el par de páginas con un abogado, luego ir al tribunal de menores, donde nos darían un permiso, solo así podrían notariarlo. De mala gana me cuestioné si valía la pena lo que había hecho solo por diversión, pero bueno, como la peor diligencia es la que no se hace, procedimos a iniciar la ruta del permiso. Gracias a la familia, lo de visarlo con un abogado se resolvió con una visita a un primo y una buena conversa. Luego a los tribunales, pues de allí me mandaron a la Fiscalía, ¿La fiscalía? Mmmm, dudando fui, al final era mi mamá la que me daba fuerzas, empujándome literalmente para que siguiera caminando el par de cuadras que separa un organismo de otro, todo para seguir en esa carrera absurda por una autorización para que la foto de mi hijo saliera en la página web del concurso. En la Fiscalía me miraron de arriba abajo, y dos fiscales gritando entre oficinas, se preguntaron qué hacía yo allí buscando permiso, al final concluyeron que solo sus padres podrían dar una autorización para que un menor participara en cualquier evento. ¡Claro!, dije, es lógico. Pero no exagero al decir que aquí, son pocas cosas las lógicas, así que volví a la notaría dispuesta a terminar allí esta historia, hasta me atendió directamente la notario, uso el comodín de llamar a un amigo, y muy amablemente me dio el nombre de la persona que me atendería, nuevo en el tribunal, al mismo tiempo que me prometía que con ese último trámite me iban a notariar el pase a la fama de Santiago ¡Ja! Al otro día fui al tribunal, la abogado que me atendió se conmovió con el concurso, me preguntó la edad de Santiago, al tiempo que me mandó a un organismo de la Lopna, donde me darían el permiso. Salí como siempre, dispuesta a renunciar, ¡y a irme a trabajar!, de nuevo mi madre me motivó a seguir. Ya en este momento la diligencia personal se convirtió en un reportaje periodístico, una experiencia que me iba a decir qué tan fácil es hacer un trámite en un organismo público en Venezuela. Con la abuela de la potencial estrella nos sentamos a hacer cola de nuevo, entre madres con denunciar y otras que iban a pedir un permiso de viaje, nos relajamos un ratos mientras veíamos VTV, hasta que luego de casi una hora nos atiende un funcionario, quien escuchó atentamente la solitud: “un permiso para que la foto de un menor participe en un concurso”, dije con una sonrisa forzada, ¿Dónde vive el menor?, preguntó, con algo de recelo dije: “Cabudare”, el funcionario con cara de satisfacción de quien encontró la traba que siempre existe expresó: “Ahhhh, entonces deber ir a Cabudare”. Ya no había sonrisa forzada, solo unas ganas enormes de voltear su escritorio u castigar la ineficiencia, para dar “información veraz”, pero sobretodo esas ganas de “no resolver” que los caracteriza. Luego de un “gracias, por nada”, me despedí de ese hueco negro, con una buena historia, y sin ninguna autorización en la mano . Realmente no es que la nota sea muy original sino por lo cotidiana y por lo menos brinda información a otras víctimas de los trámites legales, por lo menos se evitan el peloteo y ya sabes que la Lopna es municipal y debe ir al sitio más cercano a su domicio, que la fiscalía no atiende esos casos y tampoco el tribunal del menor. Es una historia que pocos organizadores de un concurso fuera del país creerían, así que lo dejé así, pensando que ellos nunca se imaginaron que un trámite cotidiano, aquí se convierte fácilmente en una pesadilla.

Aquí les dejo la foto que concursó y quedó seleccionada aun cuando nadie lo supo, el premio de consolación, sobretodo para su abuela y su papá que se fajaron hasta el final para conseguir el papelito, es que aparezca en este blog, aun cuando no tenga mucho mérito la selección tomando en cuenta de que quien lo escribe sea su mamá, jajaja.

P.D: por cierto, como toda una paradoja, les cuento: mi amiga Elsa me mandó en estos días una foto de Santiago con su franela de la Vinotinto, que parece identificar a un foro sobre el equipo; por supuesto, no tengo ni idea de quién es la persona que ubicó la foto, quien gracias a Google, con apenas colocar Vinotinto o algo por el estilo, anda ya por ahí de su cuenta como imagen oficial. Me recordó que en este mundo globalizado y sobretodo por internet, ya pocas cosas nos pertenecen… Lo gracioso es que en este caso expuesto en el post, aun siendo una foto de mi propiedad, y de mi hijo, no bastó mi palabra, ni mi firma para que un tercero la usara, y seguro cualquier que la descubra en la red, una vez publicado este post, podrá usarla como mejor le parezca. Qué cosas, ¿no?

A cada papá le llega su hora

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El Día del Padre trascendió en el CDI de Santiago, concursos entre padres, bailes, bola de luces y hasta brindis. Santiago plasmó nuevamente su mano, esta vez en una gorra, en la que declaraba su amor a su papá con tarjeta y todo. No faltó el corazón de Yo amo a Papá ni el recién aprendido baile con el que hace una fiesta de cada ritmo. Declaro que el papá orgulloso disfrutó tanto el regalo que no recuerdo haberlo visto sin la adorable gorra por lo menos hasta el domingo al final del día.

Un mes después

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Ya Santiago está más acostumbrado al colegio, y no lo digo yo, me lo certifica un video que grabó una maestra para que me convenciera de lo que se divertía con los otros niños, aplaudía y jugaba con los globos. Así será mi cara de angustia cada vez que lo veo llorando, que la maestra se tomó la libertad de darme esa prueba de adaptación multimedia, la cual agradezco, sobretodo porque el video es largo. La verdad es que hace dos días, aun cuando aun hay cierta resistencia a quedarse en el preescolar, lo encontramos contento, sonriente, quizá a veces un poco confundido por lo que debería sentir, y entonces representaba un corto lloriqueo, algo fingido, como para dejar que no es para tanto y que no creamos que podemos dejarlo allí para siempre. Lo cierto es que tuvo que ser un mes, y no una semana como imaginaba, el lapso de una adaptación, no plena, pero sí menos estresante para todos.