Archivo de la categoría: Llegó para quedarse…

Día “G”

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Tengo que acostumbrarme a que con los bebés los cambios van a un paso acelerado. De eso me percaté en una conversación con dos mamás de la Cofradía, cuando una de ellas comentaba que ya le había cambiado el pañal a su bebé a talla G, porque el tamaño M le estaba dejando marcas en la piel. Me quedé callada y pensé en esas mismas marcas que había visto en Santiago, y que había intentado resolver dejando un poco flojo el pañal. Nunca se me ocurrió que necesitara cambiar de talla, hasta hoy. Ahora tengo como tarea preguntarme todos los días si necesita teteros más grandes, mayores porciones de comida o quizá, zapatos. El proceso es más dinámico de lo que uno se imagina. Santiago crece…

Despertares

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La gripe hizo que Santiago abandonara el hábito de dormir toda la noche, la fiebre y el malestar lo despertaban por lo menos una vez en la madrugada. Recordé entonces lo que todo el mundo dice: “nada peor que cuando se te enferma un hijo”. No es exageración, no saber por qué llora, qué siente, qué tan grave es, angustia bastante. Cuando mejoró, esos despertares nocturnos, siguieron, yo no sabía que le pasaba, pensaba que aun se sentía mal, pero no había síntomas de enfermedad. Consulté con varias mamás, y todas me dijeron que esa conducta es secuela de cualquier enfermedad que los afecte. Como cuando están malitos uno los carga, los apurruña, los besa y atiende más de lo normal, pues ellos se acostumbran y quieren más, por lo que siguen despertando de madrugada. Duró como 5 días más así, y en la penumbra lo cargaba, lo arullaba, lo abrazaba, mientras él balcuceaba cantos y sollozos. A uno se le olvida sueño y cansancio, y más allá de la angustia de no saber qué siente, esos momentos son tan íntimos, que llegan a ser conmovedores. La conexión es mágica. El bebé llora como único medio de comunicación, quiere el contacto con mamá y papá, quiere que lo abracen, no quiere sentirse solo, y cuando uno finalmente lo carga, y él aun con los ojos cerrados se va calmando hasta dormirse nuevamente, uno se siente tan cerca de él, tan comprometido a cuidarlo, tan irremediablemente destinado a quererlo, que ya no asusta como antes, ahora es una necesidad de quererlo que crece como el enamoramiento…

Disfrazado

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img_2062.JPGSantiago fue oso (u oveja, no estamos seguros) a los 4 meses de edad y así se presentó en el taller de estimulación temprana. Aunque el disfraz, regalo de la tía Raquel, le quedaba grande, él estuvo feliz de lucirlo. También, en la fiesta lo vencía el sueño y no entendía tanto alboroto entre tantos personajes coloridos, pudo tomarse muchas fotos. La hazaña de tantas mamás para tomarles la foto de grupo fue suprema. Yo le tomé la foto con una mano mientras lo sostenía con la otra. 

Nunca me hubiera imaginado en estas lides, pero la maternidad me ha tocado esa fibra rumbera, por eso ni lo pensé, le puse su disfraz grandote (ya el año que viene no le va a quedar) y disfruté un mundo tomándole fotos con sus futuros amigos de piñatas.

Transición

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Esta semana cambiamos a Santiago a su cuarto, y desde entonces todos los días se despierta en la madrugada, a pedir tetero o simplemente a llorar, como anoche. Es obvio que está protestando, aunque no deja de impresionarme lo sensible que son los bebés a estos cambios, por un momento pensé que ni siquiera lo iba a notar. Son los olores, la luz, otra cama y sobretodo descubrir de pronto que no tiene a los papás cerquita.

En el curso prenatal nos recomendaban sacarlo del cuarto al mes y medio. Cuando solo era teoría, todos nos asombramos de lo temprano de esa transición, y en la práctica nos pareció aun más complicado, como el bebé pide tantas veces alimento en la madrugada, pesamos que era poco práctico tenerlo en otro cuarto. 

Ahora, a sus 4 meses, se le hace difícil el proceso de separación, y a nosotros también, volver de nuevo a los trasnochos, luego de que hace más de un mes no despertaba en la madrugada, no es nada fácil. Pero sobretodo, percibir la tristeza de bebé, lo hace más duro… Pensar que apenas comenzamos a verlo crecer.

Cable a tierra

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Vivo en Cabudare, una zona que está a pocos minutos de Barquisimeto, pero como buena ciudad dormitorio (y más si es del interior del país), durante el día la urbanización era una zona fantasma. Me sentía tan sola que necesitaba el ruido del televisor, alguna música, pero sobretodo, cualquier voz que por vía telefónica me recordara que no estaba sola. Me hacía muchísima falta internet en casa, nada mejor que un chat para no sentirse desconectada del mundo, menos mal que ya tengo el servicio.

No puedo sola, gracias

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Al tener un bebé cualquier ayuda que nos puedan brindar es una bendición. No es un asunto de reto, como yo me lo planteaba, de que no quería molestar a nadie y que podía manejar sola la situación. Aunque sabía que el bebé pediría comida máximo cada tres horas, no contaba con que mientras comía y botaba los gases ya faltaba una hora y media para empezar de nuevo. En todo ese tiempo uno no se puede mover, por lo que es esencial una mano que te pase agua (amamantar provoca muchísima sed), un pañito, un pañal, que te rasque la oreja o cualquier cosa que requiera de tus dos manos que van a estar ocupadas por mucho rato. En eso se me iba el día, además de bañarlo, calmarle el llanto, dormirlo, cambiarlo a cada ratico, pues hacen pupú cada vez que comen. Y como uno también necesita comer, bañarse, cambiarse… Dos manos más se hacen indispensables.

Yo tuve muchas bendiciones, mi esposo en primer lugar (él se encargaba de la alimentación del bebé en la madrugada), mi mamá (cuando regresó de la operación de mi papá),  Coromoto (que no necesita ser familia de sangre para ser incondicional), mi tía Nena (otra mamá y abuela para Santiago).

Busquen y agradezcan la ayuda que puedan brindarles, que la van a necesitar.

Sin decir ni pío

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Para que no me llenara de gases y evitar el dolor que eso produce luego de la cesárea, me recomendaban lo hablar ni papa. Me comunicaba con papelitos, qué fastidio, y yo con tanto que decir. Lo más difícil fue recibir la tremenda sorpresa de ver a Gricel, mi gran amiga que vive en Minessota, en la puerta de la habitación para dar la bienvenida a Santiago, y yo solo abrí la bocota y lancé un grito mudo.