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Al límite

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La piel soportando el máximo tanto estiramiento espera paciente para de nuevo volver a la normalidad que tarda por lo menos un año en llegar. El cuerpo humano completo se somete en las últimas semanas del embarazo en todo un espectáculo, calambres, calorones, dolores de cabeza y en la espalda preceden la llegada del bebé. A mis 36 semanas Daniela se estira y revolotea como tocando la puerta a ver quién está aquí afuera. Ya sin estimulación musical o palabras exclusivas, el embarazo se hace parte de una cotidianidad de gritos del hermano mayor, un obstáculo para trabajar en la mudanza, una excusa para comer lo que provoque o quedarse sentado mientras el mundo pasa. También en mi caso es la despedida a un estado que nos convierte en únicas para dar vida sin muchas veces estar conscientes de semejante milagro.

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En modo Technicolor

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La norma dice que a partir de los dos años los niños son bienvenidos a las salas de cine, sin embargo, siempre dudé de que a esas edad un niño pudiera quedarse tranquilito por más de hora y media viendo una película, pero como siempre los niños nos sorprenden, en menos de lo que esperaba Santiago estaba sentado sobre la silla de apoyo para niños pequeños, con su cajota de cotufas y boquiabierto con la película Mostruos vs Aliens. No solo se quedó tranquilo, sino que la disfrutó, se rió, volteaba a ver a los abuelos a sus primos y se reía a carcajadas. Eso sí, cuando el cine quedaba completamente oscuro, me tocaba la cara para asegurarse de que seguía allí, y luego seguía comiendo cotufas. Un gran alivio saber que uno vuelve a las salas de cine luego de practicamente renunciar a ellas, aunque sea a ver películas infantiles, pasa tan rápido, que seguramente pronto estaremos disfrutando otros géneros.

¿A dónde se fue el médico de ayer?

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Debo aclarar antes de contar mi historia, que me gusta la generación de relevo, me anima la actualización de la medicina, y por supuesto, del personal que la ejerce. Me gusta que los médicos se confronten todos los días sus ideas sobre la medicina, porque es un ejercicio dinámico, repleto de descubrimientos. Ahora, lo que sí extraño, y eso por los cuentos de mi madre, porque poco me ha tocado toparme con alguno, ese galeno cuyo foco es el bienestar y tranquilidad del paciente. Ese médico que tiene tiempo de explicar lo que está pasando con su salud o la de algún ser querido.

Recientemente nació mi sobrino, por una cesárea de emergencia, la mamá tenía fiebre y el bebé taquicardia, por lo que nació febril y tuvo que permanecer en terapia intensiva por algunos días. La pediatra que lo recibió, atinó a decirnos a mi hermano, mi mamá y a mi, mientras esperábamos nerviosos en el pasillo de terapia intensiva: “nació febril, nació febril”, frase que no hizo otra cosa que preocuparnos aun más sin saber el sentido de ese titular sin resumen. La desinformación selló desde ese momento la relación médico-paciente. Mientras la mamá permanecía en la habitación, el bebé estaba en terapia intensiva, por un estado “febril” y un indicio de una “infección”. Nada peor que el desconocimiento en esta etapa cuando el bebé debería estar con su mamá e irse a su casa en un par de días. Todos los días el médico de guardia decía algo distinto y al final nunca hubo un diagnóstico definitivo. Una de las pocas veces que el pediatra de guardia llamó a la habitación de su mamá, fue para decir que ” el bebé tenía mucha hambre y hace 15 minutos le dimos fórmula láctea”. Así de simple. No llamaron 15 minutos antes para preguntarle a sus padres si podían bajar a darle leche materna al bebé, o en el mejor de los casos, para preguntarle si estaban de acuerdo en darle fórmula. Como si fuera un carro al que se le cambia una pieza porque se supone que el mecánico es el experto, de la misma forma se trata a un bebé recién nacido, como sino tuviera padres a quienes consultar, informar, rendirle cuentas o autorización. ¿El foco de esos médicos está en el bienestar paciente? ¿Acaso su experticia les da el derecho de decidir sin niquiera informar a sus padres? Creo que en este caso, como en muchos otros, se perdió el contacto con lo humano, hay una desconexión obvia, es como seguir empeñados en darle un valor exagerado a la inteligencia lógica sabiendo la importancia que se ha demostrado tener la inteligencia emocional.

La comunicación entre el médico y el paciente calma una angustia que crece cada día si no hay una explicación de lo que está pasando. Un bebé recién nacido necesita de la presencia de su mamá para mejorar de cualquier enfermedad, y eso nunca debería pasar a un segundo plano, y no como lo sugería una enfermera: “es mejor que se saque leche y la baje en un teterito”, ¿cómo va a ser mejor eso a que su mampa baje, lo abrace, y lo amamante directamente? ¿Acaso lo mejor es lo menos problema le da a la agenda de un médico o a la logística de la clínica?  Quizá el exceso de pacientes, y la necesidad de aumentar este número para sobrevivir, sea una razón para perder el contacto con ese ser humano que confía plenamente en el especialista al que acude. por eso tiene tanto valor ese especialista que hoy en día, mira a los ojos a su paciente, atiende sus llamades y contesta con paciencia suys preguntas, si conoce uno así, dele el valor que este aspecto merece, ante todo somos seres humanos y la salud es un asunto integral en el que no solo basta “saber mucho” también hay que saber transmitirlo con la humanidad que cualquiera merece.

Día de Mamás Primerizas

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pt_1_10241.jpgHace varias semanas me llamó Carla Candia, periodista de la revista Todo en Domingo de El Nacional para que le contara mi experiencia como mamá recién estrenada. Supieron de CofradíaMamá porque en una oportunidad les escribí para comentarle a Magaly Pérez, periodista de este medio, que me había gustado mucho su trabajo de ¿Para cuándo el hermanito? y que de hecho, lo había reseñado en mi blog; lo cierto es que vieron el blog y me llamaron, y la verdad es que disfruté muchísimo la conversación con Carla, en la que durante una hora, conversamos sobre este entrenamiento atlético de la maternidad, y como siempre, siento que mientras más cuento las historias de mis etapas difíciles más leve se hace la carga, así como también disfruto enormemente los episodios sorprendentes y felices del crecimiento de Santiago.

Lo cierto es que el trabajo de Carla, con la sensibilidad que debe caracterizar, opino, a una buena periodista, y adelantándose a una etapa que aun le es ajena, recogió este complejo mundo en su esencia, y hubo una frase que reseñó que me pareció reveladora: Así le ocurrió a Mercedes B., abogada de 34 años y madre de Andrés de cuatro, quien apenas se enteró de su embarazo devoró libros como si se preparara para un postgrado, observó tantos programas de televisión como fue capaz, y hasta se inscribió en un curso prenatal. Esa ansiedad voraz la atribuye a la evolución de la maternidad en la sociedad: “Ahora, las madres solemos tener los hijos tardíamente y luego de una profesión hecha, añoramos un `manual’ para rodearnos de posibles certezas”.

La certeza es una búsqueda que puede llegar a ser obsesiva, sobretodo cuando la maternidad llega “tarde” y nos agarra añozas, y nada más lejos de la realidad de tener un bebé. Muy acertado el aviso de Huggies que vi, creo en esta misma revista, “Cuando eres mamá, todos los exámenes son sorpresa”. A esta idea hay que acostumbrarse, pero no antes de tenerlo cuando el bebé es solo un mundo de ideas, sino cuando llega, y al rato, le agarramos el gustico a crecer con el bebé. Uno se “amaña” poco a poco, como me decía una prima con 3 niños, con ese nuevo habitante que demanda tanta energía.

Otra frase me recordó a un consejo sabio de mi terapeuta, quien me dijo tajante: “solo tienes que ir a la fuente principal: tu mamá”, fue esta: Beatriz López, economista y educadora prenatal, coincide en que la incorporación de otros roles como el profesional, han cambiado la forma en que se vive el embarazo: “Llevamos una vida tan agitada que no tenemos tiempo de ahondar en la condición de mujer y no confiamos en nuestros instintos. Cuando estás embarazada es que dices `ahora sí, ahora necesito saber si lo estoy haciendo bien’ y comienzas a buscar información, que llega por todos lados menos por las experiencias de las madres o abuelas, que sería lo ideal”. Es verdad que el médico lo primero que nos dijo era que ni mamá, ni abuela, ni tía, eran pediatras para saber qué tenía el bebé, también es cierto que tantas opiniones aturden, pero no hay duda, la experiencia de una mamá, aun en distintas épocas, no tiene precio. Ergo: “Carmen Mujica, educadora prenatal y coordinadora médico de Buen Nacer –institución que promueve el parto natural– afirma que en la actualidad las primerizas tienen más temores. “De repente es por la edad. Yo siempre les digo que en vez de estar viendo alrededor desesperadamente, observen hacia atrás, hacia la experiencia de sus mamás. Se ha hecho más tecnocrático un evento que es del cuerpo”. Nadie escapa a este torbellino del siglo XXI, pero podemos hacerle resistencia.

Lindo reportaje, las fotos hermosas, y por supuesto, lo guardé para mostrárselo a Santiago cuando esté grande y contarle como fue que su mamá contó su historia a un medio de comunicación y lo nombró en la víspera de su primer Día de la Madre. Fue un regalo que Carla colocara la dirección del blog, porque mi idea es que cada vez más mamás puedan contar con su propia pluma sus historias de la vida real y no las de la televisión o las películas.

Por cierto, un día después me llamó la BBC de Londres, un periodista venezolano a quien conocí en mi paso por Londres, para entrevistarme sobre un tema que saldría en la emisión radial, sobre la depresión postparto, y que aun se puede conseguir en el archivo de la página www.bbcmundo.com. La verdad es que mi amiga Vanessa, astróloga de cabecera, me había recomendado escribir sobre mi historia a modo de catarsis, entonces fue cuando comencé a escribir en este blog; pero nunca imaginé que estas historias cotidianas trascenderían. Me satisface que esto haya sido así, porque mi idea de escribir estos relatos tiene su esencia en lo terapéutico y relajante que puede resultar para cualquier mamá primeriza encontrarse con historias parecidas a la suya, sentirse acompañada y comprendida, y sobretodo saber que todo lo incómodo pasa y la satisfacción queda.. ¡Feliz Día de las Madres!