Nana de mi vida

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Marbella tejía constantes historias de la infancia y la adolescencia de mi papá y sus hermanos. Llegó tan chiquitica a casa de mis abuelos que aún estaba en la barriga de su mamá. Se quedó con la misión de acompañar a los 5 hermanos en su crecimiento y darle una mano a mi abuela con los guisos y los quereres.

Mi papá le tenía miedo a la oscuridad y Marbella le prestaba un pedacito de su cama para calmar sus angustias. Así lo hizo por años. Incluso, lo descubrí un par de veces contándole mis historias y las de mi hermano, con la misma complicidad infantil de cuando pedía cobijo, buscando en su sabiduría orientación y calma.

En cada diciembre, nacimiento, bautizo y graduación, estaba Marbella, armando el rompecabezas familiar con anécdotas puras, con la rigurosidad de una memoria intacta y con la pasión de una nana enamorada de la familia elegida. Marbella, la nana eterna, quiso continuar su saga acunando historias renovadas, la de mis hijos, los de mi hermano, de mis primos y vecinos. Así siguió consintiendo barrigas, preparando atoles y contando historias, las de otros que ya eran suyas

Las nanas completan nuestras vidas. Marbella lo hizo hasta que la muerte le borró para siempre esa memoria de la que nos aferrábanos y descansó rodeada de todos esos hijos que no tuvo, pero que encontró en el camino para armar leyendas, recetas, sonrisas y familia, esa que hoy debe replicar los relatos que ella escudriñó en el tiempo para darle eternidad a su alma de cuentacuentos.

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Acerca de Fabiola Aponte Silva/CofradíaMamá

Comunicadora social graduada en la UCAB, ejerciendo actualmente en ámbitos inimaginados. Gerente, emprendedora, asesora comunicacional. En su "tercer turno” descubrió información fascinante: el día a día de sus dos hijos, objeto principal de su investigación periodística y de su master en inteligencia emocional y creativa. Comenzó a escribir sus crónicas en https://cofradiamama.wordpress.com/. Twitter @cofradiamama

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