Al límite

Estándar

La piel soportando el máximo tanto estiramiento espera paciente para de nuevo volver a la normalidad que tarda por lo menos un año en llegar. El cuerpo humano completo se somete en las últimas semanas del embarazo en todo un espectáculo, calambres, calorones, dolores de cabeza y en la espalda preceden la llegada del bebé. A mis 36 semanas Daniela se estira y revolotea como tocando la puerta a ver quién está aquí afuera. Ya sin estimulación musical o palabras exclusivas, el embarazo se hace parte de una cotidianidad de gritos del hermano mayor, un obstáculo para trabajar en la mudanza, una excusa para comer lo que provoque o quedarse sentado mientras el mundo pasa. También en mi caso es la despedida a un estado que nos convierte en únicas para dar vida sin muchas veces estar conscientes de semejante milagro.

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