El segundo: otra historia

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El segundo embarazo es otra cosa. Es como el amor madurado. Ese primer amor atormentado, apasionado, único, centro de atención y volcánico de las primerizas, deja paso a otro, más tranquilo, suave, sabroso, advertido, pues. Tantas cosas se dicen sobre el segundo hijo, que si debes pensar por qué lo quieres o si lo quieres, que no es obligatorio otro, que debes esperar a que el primero esté grandecito y ayude o mejor si está chiquito porque así crecen juntos… Al final, no hay fórmulas perfectas. Un bebé, por más planificado o fuera de programación que esté, llega cuando tiene que llegar. Eso que suena a lugar común, pero no hay duda, es un milagro y siempre será bienvenido; aunque ya no tengas la libertad de dormir cuando el cuerpo lo pide (y eso es a cada rato), ni quedarse todo un domingo viendo televisión y con los pies arriba, o comerse todo una porción de comida porque justo en ese momento el pequeño adolescente se come todo el pedazo, y es eso, ya hay uno que se adelantó, que demanda atención, y que ya espera al hermanito que crece en la barriga, sin saber aun que tendrá que compartir con éste un espacio hasta ahora, exclusivo para él. El segundo es el heredero de la experiencia de los padres, de “las chivas” del hermanito, de las pieles estiradas y por ende, barrigas más grandes, pero siempre con el encanto que trae una nueva vida…

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Acerca de Fabiola Aponte Silva/CofradíaMamá

Comunicadora social graduada en la UCAB, ejerciendo actualmente en ámbitos inimaginados. Gerente, emprendedora, asesora comunicacional. En su "tercer turno” descubrió información fascinante: el día a día de sus dos hijos, objeto principal de su investigación periodística y de su master en inteligencia emocional y creativa. Comenzó a escribir sus crónicas en https://cofradiamama.wordpress.com/. Twitter @cofradiamama

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  1. Ahhhhh!!! El seguuuundo….el segundo es el sinónimo del que importa, no tengo preocupación, de la forma pasada o de una nueva también va a funcionar si le pongo la fé y el empeño, significa difrutar de ese pedacito de carne que crece y luego no suspirará a tu lado como lo hace ahora, es el encanto de tener un enamoramiento “sin sofoco”, con tranquilidad. Es el difrutar de cada sonrisa, gesto tan igual que con el primer hijo pero con un lente de camara inserto en nuestros ojos para fijar ese momento, sobre todo si piensas que un tercer hijo no vendrá.

    Definitivamente, es el gozo de ver como mi piel se pudo reproducir en dos y ahora notar como mi hija grande también adora a su hermanito…

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