Viajar con un bebé

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266272719405_0_sm.jpgViajamos por primera vez con Santiago, y lo hicimos intensamente: Barquisimeto a San Cristóbal 8 horas (10 horas con el tráfico y las paradas). Toda una experiencia. No niego que me estresé algo, supongo que era la primera vez que viajaba con un sistema completamente distinto al tradicional (solía hacer poquísimas o ninguna parada). Los preparativos fueron intensos y el trayecto igual:

– Una maleta más grande que él. Tanta ropa no fue necesaria. Muchos baberos sí y varias chaqueticas. Ni hablar de los pañales, aunque si faltan, farmacias no faltan ni en el poblado más lejano.

– El portabebé, imprescindible. Apegada a la regla de seguridad al 100%, no lo bajé de la silla, sin embargo en algún momento tuve que flexibilizar mi decisión, muchas horas para que un bebé soporte con una sonrisa la misma posición. De hecho, el lloriqueo en muchas oportunidades cesaba cuando nos deteníamos y lo cargábamos un rato. Claro, es imposible hacer una parada cada vez que llorara, por lo que de regreso optamos por sacarlo de la silla un rato para que descansara (menos mal que contábamos con compañía que nos ayudaba en este plan mientras seguíamos manejando). Claro, la tensión que me provocaba andar en carretera y que Santiago estuviese sin cinturón de seguridad me ponía un poco nerviosa, pero creo que me estresaba aun más su llanto.

– La mayoría de sus comidas (teteros) las hizo en el carro, sin embargo a la hora de la comida (fruta o sopa) se complicaba la cosa. Creo que es importante considerar un tetero para los viajes, supongo que podría ser una tetina con un hueco grande.

– La pañalera no debe ir en la maletera, debe estar a la mano con teteros, leche, baberos, mudas, pañales…

– Algunos juguetes para el camino son mandatorios. Tantas horas sin mayor distracción los aburre.

– Es importante colocarles ropa cómoda, que no les apriete ni les incomode. Son muchas horas sentado, y un pantalón o media apretadas, pueden ser una pesadilla. De hecho, el pañal debe quedar un poco más flojo que lo normal.

– Agua, agua y más agua. Por lo menos para Santiago el agua es la panacea. Lo calma muchísimo y deja de llorar al instante.

– Servilletas gigantes. Es una buena idea tener a la mano servilletas de papel de esas de rollo para limpiar desastres de comidas, buches o cualquier cosa que se salga de su sitio.

– Cambios de pañal. Hay que hacer paradas cada cierto tiempo para cambiarles el pañal, sobre todo si comen mucho o toman mucho líquido. Un pañal muy mojado y un bebé en una sola posición los puede irritar bastante.

– Llega la hora de la comida (para los papás). Santiago por alguna razón, siempre llora cuando nos sentamos a comer, así que es bueno tomar las previsiones del caso. La salida más sencilla es que uno se encargue del bebé mientras el otro come.

 Al final todo valió la pena. La presentación en sociedad de Santiago fue redonda. La familia Chacón Fernández, quienes en su mayoría no lo conocían, lo amapucharon hasta más no poder y él estaba feliz de la variedad de brazos que lo cargaban. El día que llegamos estaba un poco estresado, y lloró bastante hasta que se quedó dormido, pero el resto de los días se portó como todo un caballero. Mi amiga Dorman me recomendó que hablara mucho con él antes de someterlo a una nueva experiencia, le explicara lo que iba a pasar y con quien se iba a encontrar para que no se asustara. Eso si que tengo que practicarlo.

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Acerca de Fabiola Aponte Silva/CofradíaMamá

Comunicadora social graduada en la UCAB, ejerciendo actualmente en ámbitos inimaginados. Gerente, emprendedora, asesora comunicacional. En su "tercer turno” descubrió información fascinante: el día a día de sus dos hijos, objeto principal de su investigación periodística y de su master en inteligencia emocional y creativa. Comenzó a escribir sus crónicas en https://cofradiamama.wordpress.com/. Twitter @cofradiamama

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  1. Es cierto, Dinia. Un collar, un mechón de cabello o un brazo bien gordito, es sufiente atraactivo para que un bebé disfrute un montón

  2. Felicidades, una etapa más. Qué cosa, yo se que los padres hablan mucho con los bebés, pero nunca pensé que fuera indispensable explicarle lo de un nuevo viaje. A veces subestimo a los bebés, ¡yo fui uno de ellos!

    Con mi ahijado (el hijo de mi amiga) casi no me puedo comunicar porque le gusta estar sólo con su familia, a menos de que yo lleve un collar bien llamativo, ahí si que le gusta que le hable y jugamos.

  3. Por lo que cuentas, Santiago se portó bastante bien. No es fácil ni para los adultos esos viajes tan largos y cansones. Otra prueba superada y otra experiencia ganada de cara al próximo viaje……. grrrrrrrrr

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