A falta de pañalera…Buenas son farmacias

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img_2078.JPGEste domingo salimos de paseo a un parque que está en Humocaro Alto, a dos horas de Barquisimeto. Este primer paseo largo de Santiago requería levantarse bien temprano a preparar la pañalera con todo lo necesario para este viaje al aire libre: repelente, todos los teteros con el agua hervida, la lata de leche, la papilla de lechoza, las medicinas, varias mudas, chaqueta, pañales… Todo listo y bien temprano estábamos todos en el carro con portabebé y coche listos para aventurar. A mitad del camino, nos paramos en un restaurant de carretera, un sitio lindo, con lagos, ríos y muchos patos, fue allí donde Santiago lanzó su primer llanto de adventencia: hambre. “Gerardo, busca el morral que está en el carro para prepararle el tetero”, regresa Gerardo con cara de espanto: “el morral no está en el carro”. De inmediato me alcanzó un vacío en el estómago, el bebé lloraba, pedía un tetero que estaba a una hora de camino de donde estábamos. La primera reacción fue: “regresemos a Barquisimeto”, y luego pensamos: ¿Aguantará una hora sin comer? Como que es mejor resolverlo otra forma, qué tal intentar conseguir los componentes de la pañalera en el pueblo más cercano, y así activamos el plan de emergencia: compramos agua Minalba (recomendada por el pediatra para estos casos de emergencia en los que no se puede hervir el agua) tetero (primer tetero distinto a los que Santiago estaba acostumbrado), leche, pañales y toallitas húmedas. Y en una bolsa negra, armamos la pañalera de emergencia. Por primera vez, Santiago no era alimentado en un tetero esterilizado, la operación requería un lavado rápido con agua mineral, el pañuelo del abuelo como babero y ¡a comer! Fue un inmenso alivio haber conseguido todo, una sensación de logro haber salido ilesos de este contratiempo… Más allá de que Santiago odió el tetero nuevo que era tan “antigoteo” que no le salía ni una gota de leche, sobrevivimos, él comió, tuvo pañal seco y disfrutó como nadie de su primer paseo. Mientras tanto, los padres habían podido sortear este “pequeño” olvido, regios y confiados, apenas entrenándose para lo que les tocará resolver de ahora en adelante.

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Acerca de Fabiola Aponte Silva/CofradíaMamá

Comunicadora social graduada en la UCAB, ejerciendo actualmente en ámbitos inimaginados. Gerente, emprendedora, asesora comunicacional. En su "tercer turno” descubrió información fascinante: el día a día de sus dos hijos, objeto principal de su investigación periodística y de su master en inteligencia emocional y creativa. Comenzó a escribir sus crónicas en https://cofradiamama.wordpress.com/. Twitter @cofradiamama

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  1. Cónchale, pero es que uno no se puede acordar de todo, el esposito debe darnos una mano también. Improvisar engrandece jejeje

  2. Pues solo lamento tu episodio, bueno inmaginate que cuando fui a visitar a mi cuñada en Caracas con mi niña cuantas cosas no se me olvidaron…paciencia la de tu hermano jajaja si hasta se me olvidan las llaves del carro cuando ando sola….pero es facil asi se hace cuñada jajaja Todo tiene solucion…..el improvisar nos perfecciona jaja

  3. Este cuento esta buenísimoooooOoO!!! me he reido mucho. Yoc reo que a mi se me queda la muchacha pero no la pañalera!!me da el ataque. Pero bueno menos mal que todo tiene solución

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