Cuando lo natural es excéntrico

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Nunca olvidaré la cara de mi obstetra cuando le dije que quería tener un parto normal. Él quizo disimular mientras decía “si quieres parir, así será”. Sin embargo en el transcurso de las citas me sentía algo excéntrica cada vez que tocábamos el tema. Además de llamarme “primigesta añosa” (ya conté esa historia en un post), él salía de viaje justo en la semana en la que podía parir y bueno, era un ser extraño pues, casi que pidiendo un disc jockey en vez de un Dj. Al final, a mis 36 semanas, estaba en su consultorio, y mientras tomaba mi presión arterial varias veces (estaba alta) y revisaba muy serio el ecosonograma (la placenta estaba envejeciendo), me miró y me dijo: “¿Qué te parece si te hacemos cesárea este viernes? Yo quedé en estado de shock, y solo atiné a decirle: “supongo que si me lo recomiendas, es porque debe ser así”, él asintió. Tenía razón, estaba muy alterada porque mi papá estaba enfermo y no era conveniente seguir sometiendo a ese estrés al bebé. De cualquier forma, era obvio que no podía poner resistencia a una recomendación de mi médico obstetra, eso nunca pasó por mi cabeza, haría lo que él me dijera que era conveniente. Y bueno, allí estaba una más de las tantas que se hacían cesáreas.

Al final, en casos como el mío, donde la placenta se pegó al útero y tuvieron que “raspar” este último hasta no dejar ni rastro de la placenta, un parto natural hubiera sido complicado, ya que de cualquier forma, hubieran tenido que operar. Pero, esto no se sabe por los ecos, solo en el momento en el que ocurre el nacimiento del bebé. Así que no hubo dudas, lo mejor es lo que pasa…

Ahora no cuestiono ninguna de estas decisiones, creo que cada opción tiene sus pros y sus contras, pero no deja de impresionarme la inmensa cantidad de cesáreas que existen hoy en día, la mayoría por una cuestión de practicidad tanto para el médico como para la paciente. Así como otros casos extremos, sobretodo en Estados Unidos, donde el Estado para ahorrarse los altos costos de cesáreas que deben costear, “obligan” a la mujer a parir hasta el final, muchas veces a costa de su propia vida o la de su bebé.

Pero, también resulta increíble que lo natural, o sea parir, sea casi una excentricidad. Diría mi abuela si viviera: ¡Fin de mundo!

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Acerca de Fabiola Aponte Silva/CofradíaMamá

Comunicadora social graduada en la UCAB, ejerciendo actualmente en ámbitos inimaginados. Gerente, emprendedora, asesora comunicacional. En su "tercer turno” descubrió información fascinante: el día a día de sus dos hijos, objeto principal de su investigación periodística y de su master en inteligencia emocional y creativa. Comenzó a escribir sus crónicas en https://cofradiamama.wordpress.com/. Twitter @cofradiamama

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  1. Sí, esos cuidados son esenciales, y hacen menos probable una cesárea, sin embargo hay otros factores, menos controlables, que desencadenan la cesárea. A pesar de que mi cesárea fue complicada, eso no me impidió atender al bebé en las primeras semanas, pero hay quienes sí se ven incapacitadas de hacer muchas cosas. Todo depende, cada mujer es un mundo…

  2. Creo que la naturaleza es sabia, y lo es tanto, que las embarazadas deben participar para que las condiciones de un parto normal se den. Alimentarse bien es muy importante. Debe romperse con vicios como el cigarrillo, refrescos de cola, la comida chatarra, entre otros. La alimentación sana permite fortalecer la generación de un bebé sano y el fortalecimiento de la mujer que requiere de tantos nutrientes para procrear la vida y ella misma.
    Es muy imporate beber mucha agua, caminar, hacer ejercicios de yoga, si lo han practicado, pero lo indispensable es tomarse un tiempo prudencial para dejar de trabajar, hacer una pausa (un mes como mínimo), meterse en el mundo se madre, relajarse, imaginarse en el parto, propiciar todas las condiciones para que el retoño llegue de forma natural, como sea, sin tomar posturas extremas que pongan en peligro al bebé o la madre. No recomiendo la cesárea para dar a luz, es una operación invasiva que deja muchos traumas y magulladuras en la mujer que le impide disfrutar a plenitud dar la bienvenida que se merece el recien nacido.

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