Mala madre

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Luego de estar 15 días con “todo bajo control”, comencé a sentir mucha tristeza y miedo. Durante estas dos semanas, mi esposo y yo manejamos la estadía del bebé en casa sin mayores novedades… Los trasnochos, la angustia de los pechos adoloridos, la inseguridad de si se estaba alimentando bien, ¿lo estábamos abrigando mucho?; en fin, lo normal de los primeros días.

Estábamos los dos solos porque mi mamá no se podía venir a acompañarnos, ya que mi papá estaba preparándose para su segunda operación del corazón. Al término de la segunda semana, mi esposo reinicia el trabajo y yo comienzo a darme cuenta de que hay algo que no anda bien en mi.  Sentía una angustia asfixiante y una ansiedad que como un motor, me mantenía caminando de un lado a otro de la la casa y no me dejaba dormir más de una hora seguida. Yo no sé por qué no podía hacer lo que todo el mundo me recomendaba: “aprovecha y duerme mientras el bebé duerme”, pero es que ni siquiera podía sentarme, solo podía caminar de un lado a otro para botar esa energía malsana que apenas me dejaba respirar. Algo estaba pasando, pero no era capaz de contarlo “¿tiene sentido que me sienta infeliz si debo sentirme la mujer más afortunada del mundo con mi bebé sano y hermoso?”. De pronto yo solo era una mala madre.

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