Equilibrio
Marzo 30, 2007No es una noticia nueva que la llegada del bebé supone un desajuste en el sistema de vida al que uno ha estado acostumbrado siempre, lograr el equilibrio perdido es todo un proceso, en el que actualmente estoy transitando. Acostumbrada a trabajar al 100% o entregada a ser esposa en la misma intensidad, ahora no sé cómo ajustar todos estos roles a mi vida cotidiana.
Comencé a trabajar en a media máquina (medios días y otros desde de mi casa) hace un par de semanas. Al principio me sentía un poco extraña estando en la oficina mientras Santiago estaba en la casa, me hacía falta por supuesto, pero sobretodo no podía concentrarme. Esta semana tuve que trabajar dos días tiempo completo, entonces le daba el tetero en la mañana, jugaba con él, venía a almorzar y hacía lo mismo, pero ambos días cuando llegué ya de noche, junto con Gerardo, lo encontraba llorando desconsolado, no era por hambre, ni sueño, ni fastidio…Me extrañaba. Por supuesto, mi llanto entró en esa escena en ambas oportunidades, había sentimiento de culpa, como no, pero sobretodo una impotencia inmensa ¿Qué hacer? ¿Cómo solucionarlo? Tal situación provoca un corto circuito en mi cerebro, porque no sé cómo trabajar a medias, ni cómo ser esposa a medias, ni mucho menos cómo ser mamá a medias, pero sé que eso es lo que hacen todos los padres, porque no se vive para entregarse a una sola cosa, por lo menos no cuando se quiere formar una familia. Supongo que de eso se trata el proceso de adaptación, de ir acomodando cada pieza hasta que todo quede en su lugar, el lugar que queramos darle. Ese es el punto: ”el lugar que queramos darle”. Para mi, trabajar es reparador, y por mi salud mental, no creo que pueda dejar de hacerlo, pero también considero que la maternidad requiere calidad de tiempo y dedicación, ni hablar del rol de esposa, pilar fundamental para que todo este complejo funcione sin ruidos, ya que la relación con el bebé no puede ser buena cuando entre los padres no existe una relación fluída.
Saber organizarse es fundamental, horarios establecidos, planes para el trabajo, para la familia y la pareja, y sobretodo la conciencia de que ya no podemos andar por la vida con entrega exclusiva al trabajo, a las compras, al cine y sin mirar el reloj, como cuando no teníamos quien nos reclamara en casa para abrazarnos y jugar con nosotros para poder irse a la cama tranquilo.
Como lo hablaba con una amiga, es toda una carrera de obstáculos que se van superando, unos cuestan más que otros, pero viendo la experiencia de otros, el alivio es que siempre de logra sortearlos, aun con escenas muy emotivas como la que les conté en las que uno cree quedarse y no poder salir nunca. Creo que con esa emoción escribo hoy, muy temprano, luego de una largaa noche, en la que Santiago se despertó llorando y que solo se quedó dormido sobre mi pecho. Él reclama ese mismo equilibro que nosotros buscamos reestrablecer.