Archivos de la categoría ‘Llegó para quedarse...’

Día “G”

Abril 14, 2007

Tengo que acostumbrarme a que con los bebés los cambios van a un paso acelerado. De eso me percaté en una conversación con dos mamás de la Cofradía, cuando una de ellas comentaba que ya le había cambiado el pañal a su bebé a talla G, porque el tamaño M le estaba dejando marcas en la piel. Me quedé callada y pensé en esas mismas marcas que había visto en Santiago, y que había intentado resolver dejando un poco flojo el pañal. Nunca se me ocurrió que necesitara cambiar de talla, hasta hoy. Ahora tengo como tarea preguntarme todos los días si necesita teteros más grandes, mayores porciones de comida o quizá, zapatos. El proceso es más dinámico de lo que uno se imagina. Santiago crece…

Despertares

Marzo 16, 2007

La gripe hizo que Santiago abandonara el hábito de dormir toda la noche, la fiebre y el malestar lo despertaban por lo menos una vez en la madrugada. Recordé entonces lo que todo el mundo dice: “nada peor que cuando se te enferma un hijo”. No es exageración, no saber por qué llora, qué siente, qué tan grave es, angustia bastante. Cuando mejoró, esos despertares nocturnos, siguieron, yo no sabía que le pasaba, pensaba que aun se sentía mal, pero no había síntomas de enfermedad. Consulté con varias mamás, y todas me dijeron que esa conducta es secuela de cualquier enfermedad que los afecte. Como cuando están malitos uno los carga, los apurruña, los besa y atiende más de lo normal, pues ellos se acostumbran y quieren más, por lo que siguen despertando de madrugada. Duró como 5 días más así, y en la penumbra lo cargaba, lo arullaba, lo abrazaba, mientras él balcuceaba cantos y sollozos. A uno se le olvida sueño y cansancio, y más allá de la angustia de no saber qué siente, esos momentos son tan íntimos, que llegan a ser conmovedores. La conexión es mágica. El bebé llora como único medio de comunicación, quiere el contacto con mamá y papá, quiere que lo abracen, no quiere sentirse solo, y cuando uno finalmente lo carga, y él aun con los ojos cerrados se va calmando hasta dormirse nuevamente, uno se siente tan cerca de él, tan comprometido a cuidarlo, tan irremediablemente destinado a quererlo, que ya no asusta como antes, ahora es una necesidad de quererlo que crece como el enamoramiento…

Disfrazado

Febrero 19, 2007

img_2062.JPGSantiago fue oso (u oveja, no estamos seguros) a los 4 meses de edad y así se presentó en el taller de estimulación temprana. Aunque el disfraz, regalo de la tía Raquel, le quedaba grande, él estuvo feliz de lucirlo. También, en la fiesta lo vencía el sueño y no entendía tanto alboroto entre tantos personajes coloridos, pudo tomarse muchas fotos. La hazaña de tantas mamás para tomarles la foto de grupo fue suprema. Yo le tomé la foto con una mano mientras lo sostenía con la otra. 

Nunca me hubiera imaginado en estas lides, pero la maternidad me ha tocado esa fibra rumbera, por eso ni lo pensé, le puse su disfraz grandote (ya el año que viene no le va a quedar) y disfruté un mundo tomándole fotos con sus futuros amigos de piñatas.

Transición

Febrero 3, 2007

Esta semana cambiamos a Santiago a su cuarto, y desde entonces todos los días se despierta en la madrugada, a pedir tetero o simplemente a llorar, como anoche. Es obvio que está protestando, aunque no deja de impresionarme lo sensible que son los bebés a estos cambios, por un momento pensé que ni siquiera lo iba a notar. Son los olores, la luz, otra cama y sobretodo descubrir de pronto que no tiene a los papás cerquita.

En el curso prenatal nos recomendaban sacarlo del cuarto al mes y medio. Cuando solo era teoría, todos nos asombramos de lo temprano de esa transición, y en la práctica nos pareció aun más complicado, como el bebé pide tantas veces alimento en la madrugada, pesamos que era poco práctico tenerlo en otro cuarto. 

Ahora, a sus 4 meses, se le hace difícil el proceso de separación, y a nosotros también, volver de nuevo a los trasnochos, luego de que hace más de un mes no despertaba en la madrugada, no es nada fácil. Pero sobretodo, percibir la tristeza de bebé, lo hace más duro… Pensar que apenas comenzamos a verlo crecer.

Cable a tierra

Enero 27, 2007

Vivo en Cabudare, una zona que está a pocos minutos de Barquisimeto, pero como buena ciudad dormitorio (y más si es del interior del país), durante el día la urbanización era una zona fantasma. Me sentía tan sola que necesitaba el ruido del televisor, alguna música, pero sobretodo, cualquier voz que por vía telefónica me recordara que no estaba sola. Me hacía muchísima falta internet en casa, nada mejor que un chat para no sentirse desconectada del mundo, menos mal que ya tengo el servicio.

No puedo sola, gracias

Enero 27, 2007

Al tener un bebé cualquier ayuda que nos puedan brindar es una bendición. No es un asunto de reto, como yo me lo planteaba, de que no quería molestar a nadie y que podía manejar sola la situación. Aunque sabía que el bebé pediría comida máximo cada tres horas, no contaba con que mientras comía y botaba los gases ya faltaba una hora y media para empezar de nuevo. En todo ese tiempo uno no se puede mover, por lo que es esencial una mano que te pase agua (amamantar provoca muchísima sed), un pañito, un pañal, que te rasque la oreja o cualquier cosa que requiera de tus dos manos que van a estar ocupadas por mucho rato. En eso se me iba el día, además de bañarlo, calmarle el llanto, dormirlo, cambiarlo a cada ratico, pues hacen pupú cada vez que comen. Y como uno también necesita comer, bañarse, cambiarse… Dos manos más se hacen indispensables.

Yo tuve muchas bendiciones, mi esposo en primer lugar (él se encargaba de la alimentación del bebé en la madrugada), mi mamá (cuando regresó de la operación de mi papá),  Coromoto (que no necesita ser familia de sangre para ser incondicional), mi tía Nena (otra mamá y abuela para Santiago).

Busquen y agradezcan la ayuda que puedan brindarles, que la van a necesitar.

Sin decir ni pío

Enero 26, 2007

Para que no me llenara de gases y evitar el dolor que eso produce luego de la cesárea, me recomendaban lo hablar ni papa. Me comunicaba con papelitos, qué fastidio, y yo con tanto que decir. Lo más difícil fue recibir la tremenda sorpresa de ver a Gricel, mi gran amiga que vive en Minessota, en la puerta de la habitación para dar la bienvenida a Santiago, y yo solo abrí la bocota y lancé un grito mudo.

Empezar de cero

Enero 25, 2007

Los primeros días eran la novedad, días después la responsabilidad.

La mujer que había salido días antes de la casa, barrigona y con maleta, llega a casa con un bebé sano, de 3 kilos 300 gramos y dormido plácidamente.

Ahora nos tocaba a nosotros solos. Sí, solos, porque por más que mi mamá insistió que nos mudáramos a su casa, pensamos que era mejor llegar a casa, instalarnos y acostumbrarnos de una vez a la nueva vida. Hasta allí, todo parecía maravillosamente planificado y en nuestro pleno control; luego descubriríamos que es escaso lo que se puede controlar con un bebé. No había manual, consejo, experiencia de otro que se le igualara. Nos quedaba improvisar aparentando cierta seguridad para no poner nerviosos a los familiares y observar al bebé hasta llegar a conocerlo.

Empezábamos de cero…

Llegó de 37 semanas

Enero 25, 2007

img_2026.JPGSantiago nació un 22 de septiembre a las 8:30 am. Fue cesárea porque la tensión la tenía un poco alta y la placenta ya se estaba envejeciendo, lo cual representaba un riesgo para el bebé. Nació a las 37 semanas (lo regular es que lleguen a las 40 o 42) con la piel coloradita y unos cachetes inmensos.

Yo llegué 1 hora antes de lo pautado y desperté a la enfermera de guardia quien no entendía por qué había llegado tan temprano. ¿Cómo que no entendía?, este era el momento que había esperado por casi 9 meses y quería que todo saliera como se había planeado. De hecho estuve lista mucho antes y cuando entré a la zona de operación, me dio tiempo de hablar con el pediatra (para decirle que quería amamantar apenas naciera el bebé), el anestesiólogo y saludar a mi obstetra y darle la cámara para que me sacara una foto de lo más contenta vestida de azul lista para ingresar por primera vez a un quirófano.

Gerardo, el papá, entró al quirófano y grabó todo, incluso la complicación inesperada (la placenta se pegó al útero y hubo que raspar hasta que no quedara nada). Aunque salió traumatizado, no se desmayó, cosa que agradecí. A mi me durmieron antes de acabar, porque la anestesia ya estaba perdiendo su efecto y comencé a sentir dolor durante la operación. Cuando desperté estaba en la zona de recuperación muerta de frío. Dos horas después me subieron a la habitación con Santiago entre mis piernas… Finalmente allí estaba, nos estábamos conociendo ese día en medio de un gran alboroto familiar, pero para mi, en ese momento, no existía nada, solo él y yo…