Debo aclarar antes de contar mi historia, que me gusta la generación de relevo, me anima la actualización de la medicina, y por supuesto, del personal que la ejerce. Me gusta que los médicos se confronten todos los días sus ideas sobre la medicina, porque es un ejercicio dinámico, repleto de descubrimientos. Ahora, lo que sí extraño, y eso por los cuentos de mi madre, porque poco me ha tocado toparme con alguno, ese galeno cuyo foco es el bienestar y tranquilidad del paciente. Ese médico que tiene tiempo de explicar lo que está pasando con su salud o la de algún ser querido.
Recientemente nació mi sobrino, por una cesárea de emergencia, la mamá tenía fiebre y el bebé taquicardia, por lo que nació febril y tuvo que permanecer en terapia intensiva por algunos días. La pediatra que lo recibió, atinó a decirnos a mi hermano, mi mamá y a mi, mientras esperábamos nerviosos en el pasillo de terapia intensiva: “nació febril, nació febril”, frase que no hizo otra cosa que preocuparnos aun más sin saber el sentido de ese titular sin resumen. La desinformación selló desde ese momento la relación médico-paciente. Mientras la mamá permanecía en la habitación, el bebé estaba en terapia intensiva, por un estado “febril” y un indicio de una “infección”. Nada peor que el desconocimiento en esta etapa cuando el bebé debería estar con su mamá e irse a su casa en un par de días. Todos los días el médico de guardia decía algo distinto y al final nunca hubo un diagnóstico definitivo. Una de las pocas veces que el pediatra de guardia llamó a la habitación de su mamá, fue para decir que ” el bebé tenía mucha hambre y hace 15 minutos le dimos fórmula láctea”. Así de simple. No llamaron 15 minutos antes para preguntarle a sus padres si podían bajar a darle leche materna al bebé, o en el mejor de los casos, para preguntarle si estaban de acuerdo en darle fórmula. Como si fuera un carro al que se le cambia una pieza porque se supone que el mecánico es el experto, de la misma forma se trata a un bebé recién nacido, como sino tuviera padres a quienes consultar, informar, rendirle cuentas o autorización. ¿El foco de esos médicos está en el bienestar paciente? ¿Acaso su experticia les da el derecho de decidir sin niquiera informar a sus padres? Creo que en este caso, como en muchos otros, se perdió el contacto con lo humano, hay una desconexión obvia, es como seguir empeñados en darle un valor exagerado a la inteligencia lógica sabiendo la importancia que se ha demostrado tener la inteligencia emocional.
La comunicación entre el médico y el paciente calma una angustia que crece cada día si no hay una explicación de lo que está pasando. Un bebé recién nacido necesita de la presencia de su mamá para mejorar de cualquier enfermedad, y eso nunca debería pasar a un segundo plano, y no como lo sugería una enfermera: “es mejor que se saque leche y la baje en un teterito”, ¿cómo va a ser mejor eso a que su mampa baje, lo abrace, y lo amamante directamente? ¿Acaso lo mejor es lo menos problema le da a la agenda de un médico o a la logística de la clínica? Quizá el exceso de pacientes, y la necesidad de aumentar este número para sobrevivir, sea una razón para perder el contacto con ese ser humano que confía plenamente en el especialista al que acude. por eso tiene tanto valor ese especialista que hoy en día, mira a los ojos a su paciente, atiende sus llamades y contesta con paciencia suys preguntas, si conoce uno así, dele el valor que este aspecto merece, ante todo somos seres humanos y la salud es un asunto integral en el que no solo basta “saber mucho” también hay que saber transmitirlo con la humanidad que cualquiera merece.