Quizá si uno asiste a una fiesta, y llega un medio de comunicación y le toman una foto, pues no sorprende para nada encontrarse al otro día con el gran retrato en la página de sociales. Tampoco es de extrañarse verse entre un grupo de fotos de los amigos que asistieron a una boda, y ahora mucho más con Facebook, que nuestra imagen de un día para otro es “etiquetada” y eso forma forma parte de la red de amigos que comenta, pregunta y piropea. Ahora, si una amiga me llama para comentarme como si estuviera enteradísima del asunto que mi foto y la de mi hijo aparece en un reportaje de la revista Farmatodo, para quienes nunca posamos y mucho menos autorizamos el uso de tal fotografía, pues, sí, ¡claro que sorprende! La verdad es que esto me hace recordar, todo el calvario que tuve que pasar para optar porque Discovery Health colocara en su página web una foto de Santiago, fue tanto el papeleo y autorizaciones que iban y venían, pues que nunca se pudo lograr. Al parecer el criterio en este caso local es radicalmente opuesto, y es que si lo encuentro en el buscador de Google, pues sencillamente esa foto me pertenece, y resulta que desde ese punto de vista, ni siquiera podemos contar con que se nos pida permiso para su uso, o como mínimo, se cite la fuente, en este caso mi blog personal, para publicarla. Sobretodo porque se trata de un menor, razón por la cual el caso de Discovery, fueron tan estrictos. Así fue como ayer nos vimos hojeando la página 81 de la revista Farmatodo observando que lindo se notaba Santiago en ropa de casa haciendo sus primeros intentos de gateo y en el acto de fin de curso de su clase de música, hasta allí todo muy bien, es agradable que hayan sido seleccionadas para un reportaje además, instructivo para los padres las fotos utilizadas en el reportaje, reseñaba el texto, eran de un banco de imágenes y de “archivo” ¿Qué pasa si esta misma foto fuese utilizada para fines inmorales o perversos? ¿O qué pasa si los padres no quieren que su hijo sea una imagen pública? No es el caso que exponemos, pero justamente para eso existen leyes de propiedad intelectual o como mínimo formatos y normas que deben cumplirse para autorizar el uso de fotografías, lo cual no sucedió en este caso, a menos que la revista llamé “archivo” a todo lo que se aloje en la red. Y no me vayan a venir con el cuento de que “¿entonces para qué colocan la foto en internet sino quieren que la publiquen?” Eso sería el equivalente a acusar a una mujer de que, como salió a pasear con minifalda, cómo se va a quejar de que le hagan piropos o sea víctima de violencia sexual. Es verdad que internet es un medio que se presta para muchas cosas, donde lo privado se convierte en público, y la globalización es un lugar común, sin embargo, hasta la guerra tiene sus límites, y en definitiva: nadie me preguntó si podían usar mis fotos y la usaron sin mi consentimiento.


