Todo el mundo habla de que los niños aprenden y ejercitan los mordiscos en el colegio, ayer Santiago fue víctima de su primer par de mordiscos gracias a que no quiso entregarle la pelota al victimario, que presa de la ira le mordió cerca de la ceja y en el cachete. Nada agradable verlo con las marcas, aun cuando estaba de muy buen humor cuando su papá lo buscó al colegio y la maestra le contó la historia, no me sentí muy tranquila por el evento, aun cuando todo el mundo me diga que es común que suceda, y pueda entender que a cualquiera le pasa que en segundos suceda algo y no puedas evitarlo, creo que puedo perdonar, a regañadientes, un mordiscos, pero dos, no. Supongo que entre un mordisco y otro dio tiempo de detener al mordedor. En fin, supongo que hay algo de madre primeriza en mi apreciación, lo mejor es que hable con la maestra para que me explique mejor qué pasó.
A todas estas, como verán, a Santiago pareciera no importarle en lo más mínimo…



