Segundas partes, son lloronas
Abril 24, 2008Segundo día de guardería: lloré, lo que no hice el primer día. Pasó que en el día después cuando me despedí, lo vi llorando y llamándome. Luego, estábamos otra mamá amiga y yo, estacionadas frente al preescolar como quien no se atreve a alejarse mucho, esperando la temida llamada alerta de “está llorando mucho, vengan a buscarlos”, cada vez que salía una maestra, le preguntábamos cómo estaban, y sonriendo por vernos en estas lides, nos tranquilizaba con el cariño y la sabiduría de quien ha visto esta escena una decena de veces. Ambas nos miramos y nos atrevimos a tomarnos un café, mientras se pasaba la interminable hora y media para ir a buscarlos. Uno de los temas de conversación fue que siempre nos quedará la duda si esta forma de introducción a la escolaridad es la correcta. ¿no sería mejor estar con él por lo menos por una semana mientras se adapta al sitio y a la gente, que no son más que desconocidos para él a final de cuentas? Sin embargo, no es esto en lo que coincide la mayoría de las guarderías o preescolares. Todas dicen que uno se despida y ya, le explique que regresará a buscarlo, que llorará un poco, y luego se acostumbrará, porque “si los papás se quedan, nunca se acostumbrará”… No lo sé, tengo mis dudas, pero bueno, me digo de nuevo, bienvenida al mundo de la maternidad, en el que todo se duda, todo se supone, y uno solo toma las decisiones que cree correctas o las menos malas. La decisión de meter a Santiago en un sitio de juegos, afortunadamente, no fue forzada porque no tenía a nadie quien lo cuidara. Cuento con la bendición de Coromoto, con quien no me hace falta la sangre para considerarla familia de las más incondicionales y cariñosas con Santiago, fue más bien una búsqueda por su educación, estimulación, juegos con otros pequeñitos, otra cosa que estar entre cuatro paredes. Por supuesto, el cariño es ingrediente fundamental, y eso solo se ve cuando esté dentro del centro, y en eso andamos, probando. Pero sí, las dudas asaltan sobre todo cuando le veo la carita llorosa y haciendo pucheros cuando llego a buscarlo luego de la eterna hora y media, ¿estaré haciendo lo correcto?, ¿no estará mejor en casa con la nana?, ¿lo marcará negativamente este proceso? No lo sé. A veces, como hoy, cuando apenas entramos a la guardería y me lleva de la mano al salón de las computadora y me arrima la silla para que lo siente, digo, como que le gusta… Quiero pensar eso, escojo ese pensamiento que me tortura menos que el otro.










