Hemos estados muy atareados ultimamente, viajamos a Caracas hace una semana, principalmente por la piñata de Ignacio para celebrar su tercer cumpleaños, hijo de una gran amiga, motivo que aprovechamos para llevar a Santiago al pediatra y así seguir ac
umulando opiniones sobre el por qué aun no gatea. Aunque aquí en Barquisimeto cuenta con citas privadas con una nueva terapeuta ocupacional queríamos la opinión de un médico sobre el tema. Lo cierto es que lo llevamos con una pediatra experta en crecimiento y desarrollo, quien evaluó la historia de Santiago desde que nació, lo revisó y lo observó llorar, como cada vez que presiente que lo van a obligar a hacer ejercicios; le habló, lo paseó por el consultorio y no dejó de comentar lo detallista, curioso y lo atento que es, sobretodo con su especial foco sobre los cuadros que tenía en su consultorio. Fue interesante la visita, sobretodo porque nos orientó un poco sobre tips específicos de estimulación, que aunque mucha gente nos lo había dicho, esta vez sonaron convincentes: leerle cuentos, ponerle música y hablarle mucho. Como para evaluar la causa de lo que consideró un leve bajo tono muscular, n0s remitió a un neuropediatra, a quien menos mal, ya pensábamos ver, y que para alivio nuestro es el esposo de una buena amiga. Con cierto susto por lo que el prefijo “neuro” implica, lo llevamos y gracias a la confianza que había con el médico, le hicimos muchas preguntas, a las que pacientemente contestaba con una explicación real y tranquilizadora. Santiago está bien. El bajo tono existe, pero es algo que se solventará con ejercicios y sobretodo con el amor y la dedicación que podamos brindarle. Todos sus reflejos y respuestas cognitivas estaban en su justo lugar. Más allá de descubrir que los pediatras que lo trataron desde recién nacido pudieron haber sido un poco más precavidos y hacerle algunos chequeos de rutina tomando en cuenta que era un bebé con ictericia y nacido a las 37 semanas, y que la estimulación ha debido ser desde su nacimiento e individualizada, íbamos por buen camino. Para mucho seguimos siendo exagerados al pensar que por “no gatear” existe algo malo, pero creo que ante la explicación de los especialistas, que si detectamos algún retraso motor lo mejor es tratarlo a tiempo para que pueda disfrutar de cada una de sus etapas cuando le corresponde y para que más adelante pueda equipararse con los demás niños, evitando problemas para jugar con plastilina, saltar, agarrar el lapiz o prestar atención; vale la pena entonces esa “preocupación” que nos obliga a “ocuparnos” ahora.
Por cierto, y como una señal divina, en el tercer día de viaje Santiago, en una mesa, motivado por un control remoto, comenzó a gatear con un estilo muy particular. Como un gusanito comenzó a esforzarse más allá de la debilidad de sus músculos, para alcanzar cosas…
