Archivo de Febrero 2007

¿Y tu, cuándo te animas..?

Febrero 4, 2007

Me descubrí haciendo esta pregunta hablando por teléfono con una gran amiga que vive en España cuando me comentaba que estaba leyendo el blog a diario ¿Y tú, cuándo te animas? (obviamente refiriéndome a la maternidad), pregunta equivalente a ¿Cómo va la tesis? en la universidad (interrogante que siempre resultaba antipática porque uno nunca sabía cómo ni cuándo iba a terminar esa asignatura obligatoria que amargó la vida a más de uno).

“¿Y tú cuándo te animas?”, es una pregunta que, en primer lugar, no se le hace a todo el mundo, por una cuestión de respeto a la intimidad del otro. Por otra parte, la respuesta (en el caso de que la persona quiera darla) tiene múltiples variantes, puede ser la social, con una frase tipo “pronto”, o la completa, en la que se explica en detalle los planes o no de tener bebés. Ahora que lo pienso, yo que tanto me cuidaba de esas impertinencias, me he sorprendido últimamente haciendo esa preguntas a varias personas, incluso a gente no muy cercana, a veces creo que se debe a la necesidad de disertar acerca del tema, es esa manía de alimentar el ego intelectual de quien todo lo discute, lo analiza, lo arma, como única manera de digerirlo. Me estoy dejando de eso, pero no estoy curada completamente.

Pero si lo veo desde un punto de vista, más ingenuo quizá, entrevistar al otro sobre ese tema, habla de una necesidad más humana. Es como tener un juguete nuevo: uno quiere compartir la emoción de tenerlo, leer con otro las instrucciones del juego y al final reunirse a comentar cómo lo juega cada uno y enriquecer la actividad con las experiencias de otros, aun cuando sean teóricas. Viéndolo así, puede ser que me siga permitiendo esas impertinencias.

Hay parejas que deciden seguir sin hijos por muchos años (para extender el disfrute de la vida loca), otras que los tienen temprano (para que los hijos no les digan abuelos), unas que nunca los tienen (porque no quieren responsabilizarse por otros) y tantos otros casos, cada uno blindado con muchas explicaciones bien fundamentadas. En cualquier caso, no falta quien haga la pregunta porque es mandatorio eso de tener hijos luego de casarse, ni siquiera creo que sea con mala intención, sino por un esquema de “deber ser”que está internalizado desde hace siglos de civilización. Son los mismos que preguntan “cuándo te casas” cuando ya tienes unos cuantos años de novios, o “cuándo encargan el otro” cuando apenas estás recién parido. Estos casos merecen respuestas sociales (“pronto”, “está en los planes”, “ya te avisaremos”), o si uno está de buenas, puede soltar más prenda. Lo importante es estar preparado para cualquier respuesta o para no recibir ninguna, y en el mejor de los casos para una invitación a un café, quizá una copa de vino, para conversar ampliamente sobre el tema, no para convencer a nadie ni para descubrir el agua tibia, sino para abrirse a otros puntos de vista y darle un fresquito a pensamientos rígidos propios.

Y tú que lees este artículo, ¿cuándo te animas..? ¿..O cuándo encargas otro?

Transición

Febrero 3, 2007

Esta semana cambiamos a Santiago a su cuarto, y desde entonces todos los días se despierta en la madrugada, a pedir tetero o simplemente a llorar, como anoche. Es obvio que está protestando, aunque no deja de impresionarme lo sensible que son los bebés a estos cambios, por un momento pensé que ni siquiera lo iba a notar. Son los olores, la luz, otra cama y sobretodo descubrir de pronto que no tiene a los papás cerquita.

En el curso prenatal nos recomendaban sacarlo del cuarto al mes y medio. Cuando solo era teoría, todos nos asombramos de lo temprano de esa transición, y en la práctica nos pareció aun más complicado, como el bebé pide tantas veces alimento en la madrugada, pesamos que era poco práctico tenerlo en otro cuarto. 

Ahora, a sus 4 meses, se le hace difícil el proceso de separación, y a nosotros también, volver de nuevo a los trasnochos, luego de que hace más de un mes no despertaba en la madrugada, no es nada fácil. Pero sobretodo, percibir la tristeza de bebé, lo hace más duro… Pensar que apenas comenzamos a verlo crecer.

Poema de Víctor Hugo (muy pertinente)

Febrero 3, 2007

Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es,
sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar

Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro

Te deseo además que seas útil,
más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente
para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no
madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,
con urgencia máxima, por encima
y a pesar de todo, que existen,
y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato,
alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero
erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera,
sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuantas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
Y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese
dinero frente a ti y digas: “Esto es mío”.
sólo para que quede claro
quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno
de tus afectos muera, pero que si
muere alguno, puedas llorar
sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre,
tengas una buena mujer, y que siendo
mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y que cuando
estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,
no tengo más nada que desearte.

Cuando lo natural es excéntrico

Febrero 2, 2007

Nunca olvidaré la cara de mi obstetra cuando le dije que quería tener un parto normal. Él quizo disimular mientras decía “si quieres parir, así será”. Sin embargo en el transcurso de las citas me sentía algo excéntrica cada vez que tocábamos el tema. Además de llamarme “primigesta añosa” (ya conté esa historia en un post), él salía de viaje justo en la semana en la que podía parir y bueno, era un ser extraño pues, casi que pidiendo un disc jockey en vez de un Dj. Al final, a mis 36 semanas, estaba en su consultorio, y mientras tomaba mi presión arterial varias veces (estaba alta) y revisaba muy serio el ecosonograma (la placenta estaba envejeciendo), me miró y me dijo: “¿Qué te parece si te hacemos cesárea este viernes? Yo quedé en estado de shock, y solo atiné a decirle: “supongo que si me lo recomiendas, es porque debe ser así”, él asintió. Tenía razón, estaba muy alterada porque mi papá estaba enfermo y no era conveniente seguir sometiendo a ese estrés al bebé. De cualquier forma, era obvio que no podía poner resistencia a una recomendación de mi médico obstetra, eso nunca pasó por mi cabeza, haría lo que él me dijera que era conveniente. Y bueno, allí estaba una más de las tantas que se hacían cesáreas.

Al final, en casos como el mío, donde la placenta se pegó al útero y tuvieron que “raspar” este último hasta no dejar ni rastro de la placenta, un parto natural hubiera sido complicado, ya que de cualquier forma, hubieran tenido que operar. Pero, esto no se sabe por los ecos, solo en el momento en el que ocurre el nacimiento del bebé. Así que no hubo dudas, lo mejor es lo que pasa…

Ahora no cuestiono ninguna de estas decisiones, creo que cada opción tiene sus pros y sus contras, pero no deja de impresionarme la inmensa cantidad de cesáreas que existen hoy en día, la mayoría por una cuestión de practicidad tanto para el médico como para la paciente. Así como otros casos extremos, sobretodo en Estados Unidos, donde el Estado para ahorrarse los altos costos de cesáreas que deben costear, “obligan” a la mujer a parir hasta el final, muchas veces a costa de su propia vida o la de su bebé.

Pero, también resulta increíble que lo natural, o sea parir, sea casi una excentricidad. Diría mi abuela si viviera: ¡Fin de mundo!

“Estoy convencida de que mi misión en esta vida es ser madre” (por Yadira)

Febrero 2, 2007

El lunes en la tarde tuve que buscar de urgencia a Luis Fernando en el colegio. Tiene gastroenteritis causada por adenovirus y rotavirus. Este tipo de infección causa deposiciones (diarrea) y vomitos, por lo que la deshidratación es muchas veces mortal para los niños si no se tiene los cuidados necesarios y la debida atención; de igual manera produce estado febril intenso que puede sobrepasar los 40º centígrados.

Es la primera vez que mi niño se enferma de este modo, ya que él ha tenido una inmunización más que completa, a través de la lactancia materna y de la aplicación a tiempo de las respectivas vacunas.

Ayer en la tarde, después que estuvieron listos los resultados de los exámenes de laboratorio, la doctora Silvia (mami de Ana C) vio a Luisfer en la consulta y se inició el ataque formal de la enfermedad.

Entre ayer y hoy es poco lo que he podido hacer. Tan sólo cuidar de él. Que es bastante. Que es mi misión de vida, en realidad. Por eso les escribo. Más que para contarles sobre lo que le pasa a él, es para contarles sobre lo que me pasó a mi ayer.

La verdad lo hago porque entre lo poco que lei del blog de Fabi (el domingo no pude leer mucho) y entre el corri-corri de estos días con lo de Luisfer, me siento más que conmovida, diría que obligada a hacerles partícipe de esta experiencia:

(…) Luis Fernando se me acercó y me dijo que tenía mucho frío. Temblaba. Muchísimo. Estábamos solos en el apartamento. Veníamos llegando de la clínica. Le acababan de sacar la sangre. Lo toqué y efectivamente era lo que temía: estaba hirviendo. La fiebre subió en un dos por tres. Busqué de inmediato el termómetro digital para comprobar cuánto tenía; pero empezó a temblar más y más. Lo acosté y corrí a buscar el supositorio en la nevera. Pensé: igual se lo pongo, pero cuando llegué al cuarto y lo desvestí me di cuenta que sus manos y pies estaban helados. La boca, manitos y pies estaban moradas. Recordé que cuando la fiebre está en su punto más elevado las manos y los pies se enfrían y me aterré.

Estaba como desvanecido. Volvi a pensar: Dios santo, si le pasa algo a mi hijo, él es mi responsabilidad, no puedo fallar. ¡¡¡Porque yo también estaba temblando¡¡¡ Tenía tanto miedo a que la fiebre le siguiera subiendo, a que mi niño convulsionara allí delante de mi y yo no pudiera ayudarlo. Y reaccioné, fueron fracciones de segundos, pero le coloqué su supositorio, el Ibutan en la boca, lo ayudé a que tragara. Después le tomé la temperatura cada 15 minutos y me tranquilicé. Bajó la fiebre. Gracias a Dios (…)

Estoy convencida de que mi misión en esta vida es ser madre.

Amo a mi hijo Luis Fernando tanto como seguramente mi Gladys nos quiso a mi y a mi hermano José; como me querría mi Oti; como muchas madres aman a sus hijos. El amor de madre es indescriptible

Antes muerta que en piyama

Febrero 1, 2007

img_2157.JPGCuando estaba embaraza recuerdo que en la lista de compras recomendada por el curso prenatal, amigas, mamás, abuelas, estaban  las batas maternas, los sostenes para amamantar y unas pantuflas.

Los sostenes de amamantar los compré a regañadientes mientras paseaba por el centro de Caracas, todos eran feos, pero ni modo, los necesitaría. Me resistía a las pantuflas, porque nunca había usado, así que recorrí muchas tiendas para encontrar unos zapatos cómodos que hicieran las veces de pantuflas, y bueno, mi mamá me regaló una pantuflas coloridas “porsiacaso”. Pero lo de las batas, eso sí que era antisexy.  Había una batas que tenían un hueco en los senos, la mayoría hechas en telas colores pasteles con diseños de abuela, bordados y encajitos. Al final, contra todas las recomendaciones que indicaban que era mejor comprar batas que piyamas de pantalón, decidí por estas últimas. Es que no me imaginaba en bata, sobretodo cuando pensaba que esa iba a ser la ropa que iba a usar la mayor parte del tiempo mientras estuviera en casa, o sea, por lo menos 3 meses. Total que negocié conmigo misma usar la ropa de dormir exclusivamente para eso, para dormir, mientras que durante el día escogería ropa de casa que me obligara a usar sostén y zapatos, así como si todas las mañanas tuviera que  vestirme para ir a trabajar, era un punto de honor comenzar el día y ponerme ropa con la que estaría durante todo el día “trabajando” en casa.

En la realidad, cumplí con mi promesa de usar ropa variada durante el día (la ropa hindue es perfecta para este fin) y el ajuar materno para la noche. Los sostenes (dos, uno blanco y uno beige) fueron insuficientes, así que fue duro la faena de lavado y secado mientras me quitaba uno para ponerme el otro.

Con respecto a las pantuflas, con ellas sí se cumplió la tradición. Los pies estaban tan hinchados (y estuvieron así por muchas semanas en las que no me servían mis zapatos 37, sino los 39 o 40) que los zapaticos fashion, por más que intenté ponérmelos, no hubo manera de usarlos, así que menos mal que mi mamá, madre y sabia al fin, había pensado en todo, y tenía preparadas las pantuflas, tan mullidas y cómodas que agradecí su existencia.

Al final, como escuché en estos días en Discovery Health, lo importante es que uno lleve la maternidad con su propio estilo, ya sea la manera como uno elija vivirla, con bata, con pantuflas, con baby doll o con tacones. Todas las variables son válidas siempre y cuando nos sintamos cómodas con ellas.