Vulnerable

By CofradíaMamá

Una de las sensaciones que más recuerdo de mi depresión, fue la sensación de soledad inmensa y de sentirme tan vulnerable que no tenía energías ni para hablar, o tomar decisiones tan simples como qué cocinar para almuerzo.

Recuerdo que no hablaba. Pasaban los días y yo me mantenía tan débil, tan minimizada, era como si de repente yo me conviertiera en un bebé recién nacido, quizá era la forma de comunicarme que así se sentía mi bebé y que yo tenía que protegerlo. Lo más difícil era que apenas podía sostenerme en pie y cuidarme a mi misma, me fallaban las piernas, comía por obligación y, por más que intentaba, no podía dormir. En un mes y medio bajé 14 kilos y descubrí que me había quedado estrías en la barriga como al tercer mes; ni me miraba al espejo. Las energías se iban y no podía recuperarlas.

Una de la escenas que más recuerdo era la que se repetía todas las madrugaba, cuando me levantaba a amamantar al bebé en el medio de la oscuridad. Me sentía tan terriblemente sola, que solo pude remediarlo medianamente, cuando decidí amamantar al bebé en la cama, entonces pedía a mi esposo que me abrazara, que me tomara la mano, me calmaba sentirlo cerca, supongo que porque me daba la sensación de seguridad y protección que tanto necesitaba.

Ahí estaba, tan acostumbrada a manejar mi vida con la frialdad de quien todo lo sabe, ahora me mostraba como un ser indefenso, débil, que daba lo que fuera por un abrazo, que de tanto miedo no podía emitir sonido, que lloraba todos los días por no poder encontrar esa fortaleza que tanto necesitaba.

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