Vivo en Cabudare, una zona que está a pocos minutos de Barquisimeto, pero como buena ciudad dormitorio (y más si es del interior del país), durante el día la urbanización era una zona fantasma. Me sentía tan sola que necesitaba el ruido del televisor, alguna música, pero sobretodo, cualquier voz que por vía telefónica me recordara que no estaba sola. Me hacía muchísima falta internet en casa, nada mejor que un chat para no sentirse desconectada del mundo, menos mal que ya tengo el servicio.