Aun me pregunto por qué tuve que padecer la depresión postparto. Las investigaciones hablan de un montón de razones, ajenas a mi (embarazos no planificados, mala situación económica, ningún apoyo familiar…), y los especialistas a los que acudí piensan que aunque los descensos hormonales afectan a todas las mujeres luego de tener un bebé, hay factores que hacen a unas mujeres más vulnerables que a otras. En mi caso pudo haber sido que luego de prepararme para parir me hacen cesárea casi un mes antes de lo previsto. Eso sucedió porque mi estado emocional durante esos días estaba alterado por la gravedad de la enfermedad de mi papá, a quien era urgente operarlo del corazón en un par de semanas. De hecho, esa fue la razón por la cual la presión arterial se alteró y lo que desencadenó una cesárea inmediata. Por otra parte, he leído que las cesáreas complicadas, como fue mi caso (ver categoría “estamos embarazados”), me dejó en una condición más vulnerable. La verdad pudo haber sido cualquier cosa lo que hoy me convierte en un número más de ese 10% de las mujeres que viven esta pesadilla.
Creo que uno siempre se hace muchas preguntas, incluso por momentos pienso qué hubiera pasado si me hubiera negado a tomar pastillas, ¿hubiera podido superarlo sola?, ¿éstaría aun amamantando a Santiago? Quién sabe. Como no hay caminos buenos ni malos, solo tomé el posible.