Archivo de Enero 2007

100% algodón

Enero 31, 2007

Que la ropa sea de algodón es casi una obligación, sobretodo los primeros meses. Mi bebé nació con una alergia en la piel, según explicaban los médicos, “una reacción al ambiente al que recién se exponía”, por lo que Gerardo tuvo que salir corriendo a comprar más cobijitas de algodón para no ponerlo en contacto con otro material, como el poliester, que le provocara más alergia. Luego de los tres meses ya se puede probar con otros materiales.

Mil broches

Enero 31, 2007

img_2046.JPGDe todo el guardarropa del bebé siempre escojo los mismos monitos o pantalones, los que tienen muchos broches. Por qué, bueno al principio nos da seguridad abrir el mono en el cambiador y acostar al bebé encima de la muda para luego ajustarle todos los broches y listo, sin necesidad de meter la cabeza del bebé, tan blandita, por los huecos chiquiticos de las franelas (es importante fijarse que las franelas también tengan broches). Otra razón importante, es que al momento de cambiarlo, que son unas cuantas veces al día, este tipo de ropa permite desabrochar solo la parte baja, sin necesidad de desvestirlo completamente. Hay marcas nacionales que tienen este tipo de ropa, y todos los monitos Carters tienen estas características.

Cojín de amamantar

Enero 31, 2007

img_2104.JPGSirve tanto para amamantar como para dar tetero. Cumple con su función de subir a bebé a una altura más cómoda para alimentarlo. Es importante que sea alto y fuerte para que cumpla bien con la función de sostener al bebé. Me lo prestó mi amiga Lucre y lo usé bastante, así que creo que vale la pena comprarlo, sobretodo porque luego sirve para ayudarlo a sentarse.

La Matrix o fuerzas divinas

Enero 29, 2007

Si existiera (quién dice que no) la famosa “matrix” de la que habla la película, diría que me programaron para poder proyectarme en otros, a personajes en algún momento de mi vida, no comprendí. Luego de la intensa experiencia vivida en el postparto, comencé a proyectarme en otros con una intensidad emocional e incluso física que muchas veces llegaba a asustarme. Era como si tuviera que aprender así la necesidad de afecto y compañía que tienen tantas personas.., por ejemplo, la señora viuda que está todo el día mirando desde su ventana buscando conversación con cualquiera que pase frente a su casa, ávida de cariño, y a quien muchas veces la hubiera catalogado como a una señora quisquillosa que no tiene nada que hacer, y ahora quería ir a abrazarla y acompañarla un rato, y qué importa si la conversación era aburrida.

Pude sentir, a través del postperatorio de mi papá, la angustia de quien casi muere en el quirófano con un paro cardíaco en el inicio de la operación, y que luego regresa tan vivo y con ganas de hacer tantas cosas, y tan pocas permitidas por su reposo, que camina de un lado a otro buscándole sentido a una vida ahora limitada por cuidados y reposo. Quería tener la agenda llena, encargarse de otros como antes lo hacía, por eso hacer la cena para mis amigos lo llenaba de vida, se sentía útil, y era como si estuviera pasando a mi cuando buscaba cualquier actividad distinta a la maternidad para dejar de pensar un rato; lo entendía tanto.

Así con muchos casos, el de la tía divorciada cuyos hijos ya empezaban a volar del nido, mientras ella comenzaba a buscar actividades que llenaran el vacío que se instalaría en su vida para siempre ¿Cómo se siente ella como mamá? ¿Y sus hijos? Todos sufrían este proceso, podía ser yo, podía ser mi hijo…

El señor mayor, enfermo y senil, que mantiene a su esposa a su lado, cuidándolo a costa de su propia enfermad; ella, con miedo a dejarlo y a acompañarlo al mismo tiempo. Cómo se siente él, ¿siendo una carga? Cómo se siente ella, ¿cansada, triste, culpable? ¿Cómo manejan sus hijos esa situación cuando ya han salido de su casa y armado sus propias vidas? También estaba esa doña que todos conocimos en algún momento, que se sabe la vida de todos sus vecinos, resulta que como es ama de casa y poco puede salir, convierte en chisme su soledad, su necesidad de saber de otros para no darse tiempo a sentirse tan sola o a rescatar en la vida de otros esa actividad que ya no tiene en la propia.

Yo podía sentir todas esas emociones. Las vivía como propias futurizando mi vida. Entonces paseaba por la urbanización mientras paseaba al bebé, buscando a alguien con quien hablar, la viuda, la abuela, el jardinero, el vigilante… A algunos les hacía compañía a otros le contaba lo que estaba viviendo. Yo, en otra época tan reservada e introvertida, había logrado, a través de este proceso emocional tantas veces desgarrador, acercarme a otros o por lo menos intentarlo.

Sino fuera la Matrix sino Dios, diría que me estaba conectando con mis sentimientos más profundos, que estaba tumbando la coraza, quizá para convertirme en mamá, en mejor persona y poder tender puentes a la gente cercana o ausente. Quizá era Santiago que había llegado para sanarme…

Vulnerable

Enero 29, 2007

Una de las sensaciones que más recuerdo de mi depresión, fue la sensación de soledad inmensa y de sentirme tan vulnerable que no tenía energías ni para hablar, o tomar decisiones tan simples como qué cocinar para almuerzo.

Recuerdo que no hablaba. Pasaban los días y yo me mantenía tan débil, tan minimizada, era como si de repente yo me conviertiera en un bebé recién nacido, quizá era la forma de comunicarme que así se sentía mi bebé y que yo tenía que protegerlo. Lo más difícil era que apenas podía sostenerme en pie y cuidarme a mi misma, me fallaban las piernas, comía por obligación y, por más que intentaba, no podía dormir. En un mes y medio bajé 14 kilos y descubrí que me había quedado estrías en la barriga como al tercer mes; ni me miraba al espejo. Las energías se iban y no podía recuperarlas.

Una de la escenas que más recuerdo era la que se repetía todas las madrugaba, cuando me levantaba a amamantar al bebé en el medio de la oscuridad. Me sentía tan terriblemente sola, que solo pude remediarlo medianamente, cuando decidí amamantar al bebé en la cama, entonces pedía a mi esposo que me abrazara, que me tomara la mano, me calmaba sentirlo cerca, supongo que porque me daba la sensación de seguridad y protección que tanto necesitaba.

Ahí estaba, tan acostumbrada a manejar mi vida con la frialdad de quien todo lo sabe, ahora me mostraba como un ser indefenso, débil, que daba lo que fuera por un abrazo, que de tanto miedo no podía emitir sonido, que lloraba todos los días por no poder encontrar esa fortaleza que tanto necesitaba.

Un asunto de sensibilidad

Enero 27, 2007

Me contaba una amiga que vive en Inglaterra que allá es un issue el asunto de la depresión postparto, tanto que le hacen seguimiento a la mamá desde la clínica, y si apenas presienten algunos síntomas de depresión, les avisan a unas especies de trabajadoras sociales, quienes las visitan regularmente a su casa y les ofrecen apoyo afectivo y terapéutico. Gracias a Dios yo tuve un apoyo familiar incondicional, pero lamenté el caso que tantas personas no lo tuvieran y se vieran expuestas a tal enfermedad sin orientación alguna.

La historia extranjera me pareció tan profundamente humana, que no pude evitar recordar, cuando fuí a visitar el segundo terapeuta al que consulté en uno de mis peores momentos de crisis, quien solo se limitó a tomar mis datos, a hacerme preguntas de cuestionario y a decirme que me llamaba luego, que tenía que consultar mi caso, y que me anotara en una larga lista de espera, y yo ahí sentada, clamando por ayuda desesperadamente. Si esta es la muestra de sensibilidad de un profesional experto en el área ante una persona en crisis, me dije, no me quiero imaginar qué queda para el resto de los mortales. Menos mal que no es un mal generalizado y aun quedan personas dispuestas a dar una mano.

A pesar de que los latinos somos considerados solidarios y simpáticos, nos quedamos allí, no hemos sido capaces de organizarnos como sociedad civil para ayudar sobre en estos asuntos sensibles para la población y prestar ayuda. Sin irnos muy lejos, a veces ni siquiera sabemos cómo se llama un vecino o tenemos a tres casas a una persona pasando por un conflicto en el que podríamos ayudar y no nos enteramos nunca. Nos interesa tan poco la vida del otro, a menos que sea para hacer comentarios ligeros o chismear, que se nos va la vida viéndonos el ombligo a la vez que nos quejamos de lo mal que está esta sociedad, a la que tan poco aportamos.

Atunaquetunatuna

Enero 27, 2007

Cuando aun no somos madres nos preguntamos si seremos capaces de cantar una canción de cuna, “hacer voces divertidas” (como dice una gran amiga), desvivirse en cariñitos y mimos para el bebé. La respuesta es: apaguen el cerebro sobre ese y otros temas relacionados con el bebé, que solo se aprenden (no es un instinto) al tiempo que tenemos el bebé con nosotros.

Yo no era (ni soy) precisamente el ser más maternal del mundo, más bien me considero algo fría, incluso con los niños, y solo se activó ese “instinto materno” cuando nació mi sobrina, y no es que lo supe mientras estaba en la barriga, no, me di cuenta cuando apenas la vi recién salida de la panza con sus ojitos abiertos, y empecé a llorar sin parar. Y me dije: “epa, qué me pasa”, pues me pasó y me siguió pasando con ella cada vez que la visitaba, de hecho lloraba cada vez que tenía que regresar a Caracas.

Con Santiago esas “voces” no surgieron desde el primer día, ni contar durante mis días de depresión, cuando ni siquiera era capaz de hablarle. Pero un día me descubrí hablando con él, contándole lo mucho que lo quería, cantando canciones de Fito (confieso que no me sé muchas de cuna), haciendo muecas para hacerlo reír o botando algunas lágrimas porque no podía calmarlo de su malestar típico de las primeras vacunas. Y sé que cuanto más que amañe con él se acumularán más historias de “atunaquetunatuna”, y sé que sino han tenido hijos, ahora les estará costando imaginarse en estas lides; no lo hagan, no se torturen “futurizando” cosas que las sorprenderán solo cuando les toque.

No saben cuantas veces me obsesionaba pensando cómo reaccionaría cuando estuviera aprendiendo a caminar (y a mi me doliera la espalda), cuando tuviera 5 años (y se cayera de la bici), cuando ya estuviera en sus años de adolescencia (y no me quisiera ni ver)… Por mi sanidad mental trato de no hacerlo, porque para ese momento se verá, cuando ya la experiencia me de las herramientas para enfrentarlo, ahora no tengo ni un destonillador. 

Cómo no angustiarse cuando uno especula con cosas antes de tiempo, si es como que a un bebé recién nacido le ofrezcan su primer trabajo como gerente de una empresa, cuando apenas sabe llorar para pedir su comida. Lo mismo se aplica a los padres recién nacidos o los que solo planean serlo. 

Cable a tierra

Enero 27, 2007

Vivo en Cabudare, una zona que está a pocos minutos de Barquisimeto, pero como buena ciudad dormitorio (y más si es del interior del país), durante el día la urbanización era una zona fantasma. Me sentía tan sola que necesitaba el ruido del televisor, alguna música, pero sobretodo, cualquier voz que por vía telefónica me recordara que no estaba sola. Me hacía muchísima falta internet en casa, nada mejor que un chat para no sentirse desconectada del mundo, menos mal que ya tengo el servicio.

No puedo sola, gracias

Enero 27, 2007

Al tener un bebé cualquier ayuda que nos puedan brindar es una bendición. No es un asunto de reto, como yo me lo planteaba, de que no quería molestar a nadie y que podía manejar sola la situación. Aunque sabía que el bebé pediría comida máximo cada tres horas, no contaba con que mientras comía y botaba los gases ya faltaba una hora y media para empezar de nuevo. En todo ese tiempo uno no se puede mover, por lo que es esencial una mano que te pase agua (amamantar provoca muchísima sed), un pañito, un pañal, que te rasque la oreja o cualquier cosa que requiera de tus dos manos que van a estar ocupadas por mucho rato. En eso se me iba el día, además de bañarlo, calmarle el llanto, dormirlo, cambiarlo a cada ratico, pues hacen pupú cada vez que comen. Y como uno también necesita comer, bañarse, cambiarse… Dos manos más se hacen indispensables.

Yo tuve muchas bendiciones, mi esposo en primer lugar (él se encargaba de la alimentación del bebé en la madrugada), mi mamá (cuando regresó de la operación de mi papá),  Coromoto (que no necesita ser familia de sangre para ser incondicional), mi tía Nena (otra mamá y abuela para Santiago).

Busquen y agradezcan la ayuda que puedan brindarles, que la van a necesitar.

Cargar mucho al bebé lo malcría

Enero 26, 2007

Mito, desde hace poco.

Aunque esto ha sido una creencia tradicional, lo que he leído y lo que dijeron en el curso prenatal, es que nada más lejos de la realidad. Todo lo contrario, a los bebés no hay que dejarlos llorar, hay que cargarlos, abrazarlos y mimarlos mucho, porque eso les da seguridad y les recuerda que no está solos.